Nº 10

El Chasqui
Córdoba, 24 de julio de 2007
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El cuento de Blancanieves y sus orígenes cristianos
por Roberto Beretta

Fuente: Revista electrónica Alfa & Omega
Julio 2007


Blancanieves cumple, estos días, setenta años, al menos la que popularizó Walt Disney en su película de 1937, el primer largometraje de la factoría de dibujos animados más popular del mundo. Con ocasión de este aniversario, han salido a la luz historias y leyendas relacionadas con el cuento de los hermanos Grimm, incluso una que la relaciona con la Dormición de la Virgen. Lo ha contado el diario Avvenire:

Han sido numerosas las versiones que se han realizado sobre Blancanieves en la historia del cine. Y no son pocas las interpretaciones, muchas de ellas disparatadas, que se han hecho sobre el popular cuento de los hermanos Grimm, desde las más psicoanalíticas -con su inevitable trasfondo sexual- a aquellas que pretenden encontrar su fundamento histórico. Un especialista ha localizado 82 variantes del cuento, entre las que se encuentra una leyenda del ciclo carolingio, según la cual Bertranda, madre de Carlo Magno, fue sustituida por una sosías antes de su boda y abandonada durante siete años en un castillo del bosque. Una curiosidad: Bertranda fue posteriormente beatificada y proclamada Patrona de las hiladoras.

Según otra hipótesis, la historia de la princesa sería deudora nada menos que de un rito minero de la zona de los Dolomitas .Allí existe, en efecto, un cuento antiguo titulado Blanca como la nieve y roja como la sangre, en la que trabajaban mineros procedentes de Alemania, y por el que, cuando un yacimiento se agotaba, se mandaba entrar en la mina a una joven bella y noble para que transmitiera su energía vital a la tierra; los siete enanos no serían otra cosa que siete operarios de baja estatura, elegidos por ello para entrar en las galerías. Se trata de una hipótesis que casa fácilmente con la del genetista Giuseppe Sermonti, el cual interpreta varios cuentos populares a modo de enmascaramientos de procesos alquímicos secretos. En el caso de Blancanieves, se trataría de la extracción y purificación de la plata, metal blanco y vinculado a la luna, cuyo destino es el de ser repetidamente ocultada y arrastrada hacia la negrura, hacia la oscuridad del sueño embrujado.

Algún teólogo ha intentado una interpretación más compleja, a partir de la psicología de lo profundo. Según él, la doncella atraviesa una vivencia de maduración y de nacimiento a sí misma, proceso en el cual los enanitos simbolizarían en realidad un estado regresivo hacia «una posición interior de por sí superada pero aún en grado de provocar malestar; los enanitos encarnarían el no querer crecer». De hecho, la futura princesa se adormece, como hibernando en su propia falta de plenitud. Y su misma encarnación blanquísima señala una pureza genuina, sí, pero que no puede pretender preservar simplemente refugiándose en la irreal casita feliz de los enanos del bosque, huyendo del mundo como si fuera una realidad que espanta. Se puede separar el blanco del negro, el bien del mal, pero un contacto entre ellos es inevitable y puede tener resultados letales.

En este sentido, Blancanieves es un cuento realista, incluso cristiano. Viene a la mente la leyenda de los siete durmientes de Éfeso, llevada a Europa por Gregorio de Tours, en el siglo VI, y difundida en Oriente Medio cien años antes, además de ser incluida en el Corán. En ese relato, siete jóvenes cristianos, que no querían sacrificar al emperador -eran los tiempos de las persecuciones-, se refugiaron en una gruta, a la que sus enemigos tapiaron la salida. En vez de morir de hambre, milagrosamente, los siete se adormecieron durante dos siglos, despertándose cuando la religión cristiana fue finalmente permitida.

La gruta/mina; el sueño/muerte; todo ello seguido de una resurrección y del encuentro con un príncipe/emperador; la incorruptibilidad que protege a sus jóvenes cuerpos; el simbólico número siete.....No son pocas las analogías, y son sugestivas. Faltaría sólo Blancanieves. Pero, si se mira bien, ella también está: Éfeso, en la tradición cristiana, es de hecho la ciudad de la Virgen, en la que acaece su propia Dormición, que no es la muerte, sino un adormecimiento. Todavía hoy, para los turistas que visitan la ciudad, la casa de los siete durmientes no está lejos de la casa de la Virgen.

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