No.34

El Chasqui
N°34-Córdoba, 1 de febrero de 2010
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La Cara oculta del terremoto en Haití
Haití, el único país del mundo consagrado al demonio
por Hernando Rojas y Rojas

Una vez llegadas las noticias del terrible terremoto de grado 7 en la escala de Richter, ocurrido en la antigua Isla de la Española, (nombre dado por Cristóbal Colón a lo que actualmente corresponde a Haití y la República Dominicana), me viene a la memoria una imagen fotográfica que representa fielmente su triste y desgraciada realidad: la pobreza, la esclavitud, el hambre, la plaga del Sida,(de allí partió el sida hacia los EEUU y resto del mundo) el azote de los 3 huracanes....... lea el texto completo aquí

Nº 33

El Chasqui
Nº 33-Córdoba, 20 de noviembre de 2009
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La cruz
P. Ramiro Pellitero
Instituto Superior de Ciencias Religiosas-Univ. de Navarra
www.religionconfidencial.com

Periódicamente rebrota en nuestra Europa laicista el intento de eliminar la cruz de los ámbitos públicos. Se argumenta con el derecho a la libertad religiosa, que no debería privilegiar un signo de una religión particular en los espacios que pertenecen a todos, y donde los miembros de otras religiones, o de ninguna, pueden sentirse o dicen a veces sentirse molestos. Parece que hay un interés particular en quitar el crucifijo de las escuelas, como si se temiera un “adoctrinamiento” pernicioso y subliminal de los niños y de los jóvenes.

Sin embargo la cruz está presente en la cultura europea y americana, y en otras culturas, desde hace muchos siglos. Quien quisiera arrinconarla, tendría que renunciar a todo lo que ella significa, quiera o no. Tendría que tapar y acallar tantas obras de arte y signos de cultura, que se quedaría prácticamente con nada. La cruz está no sólo en las iglesias sino también en caminos, fiestas e instituciones, expresiones linguísticas y hasta en el trasfondo del calendario por el que nos regimos: ¿qué significa contar el tiempo antes y después de Cristo? ¿Qué significa que las semanas se dividan por los “domingos”?

Por lo demás, la cruz no es el único símbolo religioso y cultural que es común encontrar en la vida civil, dependiendo de los lugares. En muchos países abundan los símbolos propios de las religiones que están en el corazón de sus culturas. Y esto es natural, porque entre religión y cultura hay una estrecha relación. Y quien pretende suprimir las manifestaciones de la religión en la cultura, acaba por imponer la dictadura de su propia religión o visión irreligiosa de la vida, que puede llegar a ser terrible como la historia reciente enseña.

¿A quién puede molestarle la cruz? A quién no conozca su significado o lo rechace por motivos ideológicos. La cruz es signo de paz y reconciliación. Su palo vertical recuerda la dimensión trascendente del hombre (que no es sólo un amasijo de moléculas, porque tiene alma); y su palo horizontal representa la dimensión terrena de la persona, que se extiende desde el centro para abarcar a todos los pueblos, razas y culturas.
La cruz es signo de totalidad, plenitud y solidaridad, fuente de verdadera fortaleza, serenidad y consuelo. En nombre de la cruz se hace diariamente el bien a millones de personas en el mundo. La cruz no puede –no debe– ser esgrimida contra nada ni contra nadie; y si esto sucedió en la historia, fue por una equivocación y un olvido de Aquel que dio a la cruz su más pleno significado. Porque la cruz no la inventaron los cristianos. Pero por los cristianos ha venido a representar en nuestros días el mayor anhelo de los hombres: la unión y el perdón, los deseos de paz y reconciliación que alberga la familia humana.

Ciertamente, para los cristianos, el crucifijo es signo de redención, esto es, de santidad, que es lo mismo que decir de la justicia que sólo Dios puede traer. Hacer “la señal de la cruz” es aceptar el orden exterior e interior querido por Dios (en la inteligencia, en la voluntad, en los sentimientos) e implorar que la bendición divina llene la vida y proteja a los hombres de los peligros que les acechan, a veces inventados por ellos mismos.

Pero este significado cristiano no se impone a nadie. Sólo se ofrece libremente. Como un signo de que el mal –la codicia y la avaricia, las injusticias y las guerras, la discriminación de los más débiles y de los pobres– no tiene la última palabra. La cruz es como una indicación de que el dolor –físico o moral– no es un absurdo: una realidad que, si no pudiera quitarse o disminuirse, pretendería legitimar la supresión de quien dice no estar dispuesto a sufrirla, en carne propia o ajena.

En último término, la cruz sugiere que la muerte puede ser fruto y consecuencia del amor (cosa que es así de hecho para muchas personas, también no cristianas). Que la muerte no es un punto final que, en el fondo, deja sin sentido la vida. Y a los desheredados de este mundo, que no han encontrado en él la justicia, la cruz les puede recordar que les queda aún la esperanza de una vida diferente, donde el amor no sea una palabra desgastada y manipulada.

N°32

El Chasqui
N° 32-Córdoba, 18 de noviembre de 2009
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Animales, plantas y humanos en Suiza
por el Prof. Alejandro Navas
Fuente: unav.es

“¿Va usted a adquirir un perro? A partir de 2010 deberá asistir previamente a un curso teórico. Y luego deberá realizar un entrenamiento práctico junto con su perro a lo largo del primer año. En él aprenderá a conocer las necesidades y el comportamiento de su perro”. Este texto forma parte del anuncio de una abogada suiza experta en derecho animal, que ofrece sus servicios a los futuros dueños de mascotas para asesorarles en la aplicación de la nueva ley protectora de animales.

Esa ley, redactada a final de 2005, se promulgó en septiembre de 2008 después de haber sido aprobada en el Parlamento y en el correspondiente referendum popular, y comienza a aplicarse ahora. El trámite fue largo porque el asunto se trabajó a fondo, con rigor. El resultado es una reglamentación que a lo largo de más de cien páginas y de 226 artículos regula todos los aspectos imaginables de la vida de los animales domésticos, y eso que la ley se aplica en principio tan solo a los vertebrados (el Gobierno determinará a qué animales invertebrados se aplicará también, para lo que tendrá en cuenta las aportaciones de la ciencia sobre la capacidad sensible de estos animales). El objetivo de la ley, enunciado en su artículo primero, es bien sencillo: “proteger la dignidad y el bienestar de los animales”.

El texto legislativo constituye una expresión antológica del perfeccionismo que se atribuye al carácter suizo. Por ejemplo, de los animales que viven naturalmente en grupo habrá que tener en las casas al menos dos ejemplares, para reproducir con la máxima fidelidad posible sus circunstancias naturales. Se legislan por supuesto las condiciones materiales en que se alojarán los animales, pero también el modo en que deben ocupar el tiempo.

Aplicar esa ley va a suponer un notable esfuerzo, incluso para un pueblo tan disciplinado como el suizo. El Gobierno ha optado en primera instancia por la divulgación a través de campañas informativas, pero no descarta que la policía lleve a cabo en el futuro registros domiciliarios para asegurar su cumplimiento. No se trataría de una novedad, basta pensar en el régimen implantado en su día en la Ginebra calvinista. En este caso la policía investigaba, por ejemplo, si los ciudadanos tomaban dulce en la comida a pesar de la prohibición: el postre se consideraba una amenaza para el orden social puritano.

Pero la pasión reguladora de los suizos no se detiene en el mundo animal y llega también a las plantas. La “Comisión Federal de Ética para la Biotecnología en el Ámbito Extrahumano” ha establecido que esa dignidad también corresponde a las plantas: “dañarlas de modo arbitrario es moralmente inaceptable”.

Klaus Amman, antiguo Director del Jardín Botánico de Berna y ahora emigrado a Holanda, donde ha encontrado mejores condiciones de trabajo, declaraba: “En los Estados Unidos y en Australia, en Inglaterra y en Italia, los colegas se ríen de Suiza”. En honor a la verdad hay que reconocer que también se han dado reacciones elogiosas. Peter Singer, por ejemplo, pionero del movimiento de liberación animal, estuvo en Berna poco después de la promulgación de la ley y la alabó como un ejemplo para el resto del mundo. Según afirmó, una vez conseguida la emancipación de los negros, las mujeres y los homosexuales, ha llegado la hora de la liberación animal.

Es admirable la fina sensibilidad ética que se percibe en esas iniciativas legislativas. Pero a uno le invade una sensación extraña cuando advierte que Suiza es a la vez el paraíso del suicidio asistido, donde el “turismo de la muerte” atrae a “clientes” de todo el mundo (eso sí, adinerados, que lo cortés no quita lo valiente y el negocio tiene sus exigencias irrenunciables).

Está bien que el gobierno se proponga paliar la soledad de las mascotas, pero ¿qué legislador se ocupa de los humanos entrados en años que aducen la soledad como motivo para pedir la muerte? ¿Cómo se explica que en tantos países el aprecio creciente por la vida animal o vegetal vaya unido al desprecio igualmente creciente por la vida humana?

Nº 31

El Chasqui
Nº 31 - Córdoba, 2 de junio de 2009
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Benedetti: retrato crítico
por Emilio Martínez Cardona
Premio Municipal de Literatura (Montevideo, Uruguay)


Decía que “Entre la literatura y la revolución, la prioridad es la revolución” y que “Matar es un agrio deber revolucionario”.

Fue uno de los fundadores y principales dirigentes del Movimiento 26 de Marzo, fachada legal del MLN-T (Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros), organización terrorista que asoló el Uruguay en plena democracia desde el año 1963, con asesinatos, secuestros y robos multimillonarios.

Estuvo entre los pocos intelectuales que defendieron a Fidel Castro cuando apresó al poeta Heriberto Padilla y calló vergonzosamente ante los fusilamientos ordenados por el dictador cubano en el 2003.

Hablo, por supuesto, y aunque rompa muchos corazones ingenuos, de Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia, más conocido por su primer nombre y apellido. Caballero de sonrisa bonachona e ideas totalitarias, pero sobre todo un mal, muy mal poeta.

“Benedetti es un escritor para consumo de la superficialidad y los aficionados a los lugares comunes”, ha dicho de manera tajante el colombiano Eduardo Escobar, un juicio que sólo puedo compartir y que de hecho comparten prestigiosos críticos y académicos del mundo entero.

Y es que si hubieron grandes escritores latinoamericanos que defendieron posturas políticas igual de abyectas, como el argentino Julio Cortázar o el también uruguayo Juan Carlos Onetti, éstos fueron creadores de una obra literaria única e innovadora, que supera ampliamente los deslices cometidos en el campo ideológico. No puede decirse lo mismo de Benedetti.

Alberto Chimal lo encuentra “sospechoso de excesiva complacencia, de sentimentalismo, de simplismo. Y fue culpable con una frecuencia alarmante. Peor aún, su obra poética, que se fue recogiendo en ediciones sucesivas llamadas siempre Inventario, deja ver cada vez menos poesía a medida que pasan los años y cada vez más fórmulas, más lugares comunes, más prédicas a admiradores ya convencidos. El padre espiritual de sus poemas pudo haber sido, entre otros, Bertolt Brecht, pero tiene entre sus hijos a Ricardo Arjona y otros todavía peores”.

Aún más contundente es Alber Vázquez, quien califica a su poesía de “pedante, odiosa, pueril, cargante, malograda, cansina y aburrevacas”. El argentino dice que “Benedetti es un poeta de medio pelo al que una legión de indolentes con poca o nula experiencia lectora ha encumbrado más allá de todo lo razonable” y concluye definiéndolo como “Probablemente, el peor poeta del mundo”.

Su carrera literaria fue, durante años, una minuciosa colección de fracasos. En 1945 su primer libro, el poemario La víspera indeleble, no vendió ni un solo ejemplar. Tres años después, su segunda obra corrió la misma suerte. Benedetti pidió un préstamo tras otro para pagar las ediciones de su tercer, cuarto, quinto, sexto y séptimo libro entre 1949 y 1953, los mismos que fracasaron ostensiblemente. Recién en 1956, con Poemas de la oficina, consiguió vender la modesta suma de 500 ejemplares. Pero entonces, algo pasó en 1959. La revolución cubana. Y Benedetti encontró en el régimen castrista la inspiración necesaria, y la angustia existencial cedió espacio a las certezas políticas y la incertidumbre dejó lugar a odios concretos, como Estados Unidos y la burguesía.

De esos primeros tiempos revolucionarios datan el volumen de cuentos Montevideanos, el mismo año de la entrada de Castro y Guevara en La Habana, así como la novela La tregua (1960). Pero lo cierto es que la revolución cubana proveyó algo más que simple inspiración. A partir del alineamiento público de Benedetti con la ortodoxia marxista-leninista y sobre todo desde 1967, cuando pasó a desempeñarse como funcionario del gobierno cubano dirigiendo el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, el aparato cultural-propagandístico de la isla lo catapultó a toda América Latina, retribuyendo su adhesión sin condiciones al nuevo sistema dictatorial.

Fidel Castro necesitaba intelectuales que le lavaran la cara a su gobierno en medios internacionales y Benedetti fue uno de los que mejor cumplió esa labor. En 1968, por ejemplo, ante el alejamiento de la revolución del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, que optó por el camino del exilio, no dudó en descalificarlo diciendo que era “un gusano y no precisamente de seda”.

Otro tanto hizo en 1971, cuando el régimen castrista encarceló al poeta Heriberto Padilla acusándolo de contrarrevolucionario, para después obligarlo a firmar una carta de arrepentimiento. Un grupo de 61 intelectuales, entre los que se contaban Jean-Paul Sarte, Alberto Moravia, Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, firmó una solicitada descreyendo de tal carta y denunciando a Castro por usar métodos de represión estalinistas. Benedetti, en cambio, publicó un artículo en defensa del régimen en el que afirmaba que entre la revolución y la literatura, había que escoger la primera.

Por la misma época, Benedetti se decidó a fustigar a la democracia uruguaya, abonando el terreno para quienes buscaban derribarla a tiros: los tupamaros. “Se fue generando un clima favorable a la guerrilla, y en esa tarea Benedetti tuvo una influencia importante”, explica el analista Hebert Gatto, estudioso de la ideología tupamara. Como parte de esa campaña, publicó en 1971 la novela El cumpleaños de Juan Ángel, un alegato en favor de la lucha armada. En la obra el protagonista va cumpliendo distintas edades a lo largo de 24 horas. Al final del libro, con 33 años conoce al líder guerrillero Marcos, que le explica que matar es un agrio deber, y abraza la revolución. El subcomandante Marcos, líder de la guerrilla zapatista, tomó su nombre de esta obra.

Pero el “compromiso” de Benedetti con la lucha armada no se restringió a la propaganda, sino que en 1971 asumió un rol más activo desde la dirección del Movimiento 26 de Marzo, el brazo político de los tupamaros, ejerciendo tareas clandestinas que incluyeron la de alojar en su departamento a Raúl Sendic, cabecilla de la banda.
A lo largo de sus años de actuación, los tupamaros demostraron una notable voracidad financiera. En sólo una semana atracaron 9 bancos, aunque el botín más sustancioso lo obtuvieron al robar dos casinos y la General Motors. No se sabe con exactitud cuántos miembros activos llegó a tener el MLN, pero las fuentes históricas manejan cifras que oscilan entre los 6.000 y 10.000 combatientes, que fueron derrotados por el Ejército en 1972, perdiendo lo que ellos llamaban la “guerra revolucionaria”.

El proceso de quiebre institucional iniciado por los tupamaros una década atrás concluyó en 1973, aunque no de la forma esperada por ellos, con una revolución armada que culminara en el asalto al poder, ni con un golpe militar de izquierda, a la manera de Alvarado y Torres, como pretendía el Partido Comunista desde febrero de ese año. En vez de esto, el presidente Bordaberry disolvió el Parlamento e instauró un Consejo de Estado, cogobernando con las Fuerzas Armadas.

Entonces fue el turno de Benedetti de partir al exilio. Entre 1976 y 1980 recaló en Cuba, y luego prefirió, como muchos otros de sus camaradas, probar las mieles del capitalismo europeo. En 1984, como columnista de El País de Madrid, Benedetti polemizó en defensa del gobierno de Castro con los escritores españoles Juan Goytisolo y José Ángel Valente, que lo acusaron de mentir descaradamente.

Otra polémica famosa fue la que sostuvo sobre el mismo tema con Mario Vargas Llosa, quien dijo que “para Benedetti, que un gobierno exilie, encarcele o mate a sus adversarios es menos grave si lo hace en nombre del socialismo”.

En el 2003, un grupo numeroso de opositores a Castro fue condenado a penas de 25 años de cárcel y tres personas que habían intentado escapar de Cuba fueron ejecutadas. En ese momento, hasta un comunista de toda la vida como José Saramago sentó su protesta. Pero Benedetti callaba.

Mantuvo la postura intolerante hasta en sus últimos años. Cuenta su secretario personal, Ariel Silva, que “si una revista se imprimía en Miami, entonces no le daba la entrevista”. A un ex compañero de militancia que quiso hablar con él para explicarle por qué ya no adhería a la izquierda, se negó a recibirlo tildándolo de “traidor”. Y hasta llegó a decir que la historia política del Uruguay previa al gobierno del Frente Amplio era de “174 años de gobiernos de derecha”. Un completo disparate, en el país que conoció la legislación social de avanzada de José Batlle y Ordoñez, la sustitución de importaciones de Luis Batlle y la experiencia desarrollista del segundo gobierno blanco.

Hoy en día, el partido que él fundara, el Movimiento 26 de Marzo, es miembro del Congreso Boliviariano de los Pueblos, organización digitada por Venezuela, estrechamente vinculada al Foro de Sao Paulo y al ALBA e integrada por el Movimiento Al Socialismo de Evo Morales, el MLN y todos los partidos comunistas latinoamericanos.

Mario Benedetti, por su parte, recibió la última distinción de su vida de manos del protodictador venezolano Hugo Chávez, quien le otorgó la Condecoración Francisco de Miranda.

Si ha leído hasta aquí, dudo que todavía le quedan ganas de llorarlo.

Nº 30

El Chasqui
Nº 30 - Córdoba, 2 de junio de 2009
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Zurdo, cursi....y también blasfemo

Si Dios fuera mujer
por Mario Benedetti
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse.
Vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

¡Ay, Dios mío, Dios mío!,
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

Nº 29

El Chasqui
Nº 29-Córdoba, 19 de abril de 2009
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Mi postura frente al Papa
por Daniel Omar González Céspedes

Desde que S.S. Benedicto XVI decidiera levantar las excomuniones a los cuatro obispos consagrados por S.E.R. Mons. Marcel Lefebvre, en 1988, y saliera a la luz la entrevista hecha a Mons. Richard Williamson he leído y escuchado sobre lo que tendría que haber hecho o dicho el Papa. Incluso cartas publicadas en distintos medios que fueron enviadas al Pontífice.

Reconozco no tener ningún mérito especial; con humildad admito mi ignorancia. El único que tengo -y que me basta y sobra- es el del de ser hijo de la Santa Madre Iglesia.

Consultado sobre “mi postura” sobre los distintos debates o controversias que se han suscitado entre distintas personas conocidas y sabiendo que muchos -incluso amigos y maestros- no me comprenderían, guardé silencio; pero sé con la gran “Monja andariega y abadesa andante”, Santa Teresa de Jesús, que “Es preferible la Verdad en soledad al error en compañía”. Y, además, ¡terminemos de hacerle el caldo gordo al coludo!

El problema no está en ser negacionista o anti negacionista. El problema no radica en la cuestión judía. El problema radica en la actitud o postura frente al Romano Pontífice de parte de los católicos.

Por eso, digo: ¿Quiénes son esos que se “dignan” cuestionar o criticar al “Dulce Cristo en la Tierra”? ¿En qué momento Nuestro Señor Jesucristo les concedió tal “gracia de estado”?

Es cierto que el Papa no habla siempre ex-cátedra y puede equivocarse; pero no menos cierto es que tiene la asistencia diaria del Espíritu Santo (Él sí tiene la gracia de estado). También tiene “la ciencia de las aplicaciones y oportunidades”.

Quien haya hecho alguna vez los Ejercicios Espirituales según el método de San Ignacio de Loyola recordará la Regla Nº 13 para sentir con la Iglesia: “Debemos siempre tener para en todo acertar, que lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la Iglesia hierárchica assí lo determina, creyendo que entre Christo nuestro Señor, Esposo, y la Iglesia su Esposa, es el mismo spíritu que nos gobierna y rige para la salud de nuestras ánimas, porque por el mismo Spíritu y Señor nuestro, que dio los diez Mandamientos, es regida y gobernada nuestra sancta Madre Iglesia”( Nº365)

Y la regla Nº 10 nos dice: “Debemos ser más promptos para abonar y alabar assí constituciones, comendaciones como costumbres de nuestros mayores; porque dado que algunas no sean o no fuesen tales, hablar contra ellas, quier predicando en público, quier platicando delante del pueblo menudo, engendrarían más murmuración y escándalo que provecho, y assí se indignarían el pueblo contra sus mayores, quier temporales, quier spirituales. De manera que assí como hace daño el hablar mal en absencia de los mayores a la gente menuda, assí puede hacer provecho hablar mal de las malas costumbres a las mismas personas que pueden remediarlas” (Nº 362).

Dicho de otra manera: ¡NO SEÑALEMOS JAMÁS LA FALTA EN PÚBLICO!

Aquí cobran sentido las palabras de San Pío X y a las cuales adhiero con voluntad e inteligencia: “Prefiero equivocarme con el Papa que tener razón sin él”.

Repito, ¡no le hagamos el caldo gordo al coludo! Seamos humildes para así enrostrarle en la jeta al coludo, con el Venerable José Gabriel del Rosario Brochero, “¡Te fregaste, diablo!”.

(En Mendoza, Domingo 12 de Abril de 2009. Pascuas de Resurrección)

Nº 28

El Chasqui
Nº 28 - Córdoba, 2 de abril de 2009
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Desatino
por el Dr. Jorge Lobo Aragón

Que la guerra “fue un desatino” decía el general Martín Balza, ex - jefe del Ejército, refiriéndose a la recuperación de las Malvinas que ordenara en 1982 el general Galtieri. Tiene toda la razón. “Fue un desatino’, como son desatinos todas las guerras que en el mundo han sido”

Siendo que el tino es moderación, juicio, cordura, llegar a emplear la violencia es, por definición, un desatino. Y precisamente por eso, por ir en contra de aquellos principios por los que el hombre siente un innato apego, es que valoramos a los que hacen el supremo sacrificio personal de exponer sus propias vidas y las vidas de sus enemigos por una causa superior.

El artículo 21 de la Constitución dice que “todo ciudadano argentino está obligado a armarse en defensa de la patria...”, y se supone que armarse no significa esgrimir armas de juguete para realizar un desfile sino empuñar armas de verdad para realizar el supremo desatino, la magnífica locura, de exponer la vida por un bien superior que nos envuelve a todos. El general Balza, que ha jurado cumplir la Constitución, debiera tenerlo en cuenta. La Constitución no es sólo para marcar cuántos años han de actuar las autoridades, sino también -por lo menos lo propone- para “asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad’, libertad que se necesita defender para que sus beneficios sean seguros.

Es evidente que Galtieri se equivocó. Fue imprudente. Fracasó como técnico del combate, que debe conocer las condiciones, las tropas, los pertrechos, el terreno, las reservas; la oportunidad Cuando se toma la excelsa decisión de cometer el supremo desatino, debe buscarse el asesoramiento de gente idónea que enseñe cómo llegar al único objetivo válido: la victoria, ya que emprender una guerra para no ganarla se parece demasiado al suicidio. Galtieri falló como técnico, como dictador; como soldado. pero no puede negársele a él -ni a ningún otro argentino- que se persiga todos los medios idóneos correspondientes para alcanzar un objetivo que es común en todos los argentinos y que nos pertenece ¿No alcanza un siglo y medio para darse cuenta de que nuestra generación y la futura deben comprender cual es el camino eficaz? Y el objeto, que la hermanita perdida vuelva a casa, ¿no es el mayor logro al que puedan aspirar los que tienen a su cargo la defensa de la nación?

Con sus declaraciones Balza ha puesto en claro la actitud que asumen nuestras fuerzas armadas en la actualidad. Pueden actuar -muy prudentemente- en los Balcanes, en la Cochinchina o en cualquier parte del mundo en que nuestros acreedores precisen su presencia. ¿Haciendo lo que hicieron nuestros héroes en defensa de la patria, como lo establece la Constitución? No, eso no. Sería un desatino. Él lo dice.