Nº 47: La Vía humana. Un lugar para vivir




La Vía humana. Un lugar para vivir.
por Patricia Aubert de Asurmendi.


Lic. en Cs. Políticas



El déficit habitacional es desmesuradamente cruel, y es probable que sea la deuda más importante de la modernidad para con la humanidad desde que impuso el régimen de propiedad que todavía nos rige. Ya en la Inglaterra de la revolución industrial, el insumo más barato de la industria era la mano de obra que provenía principalmente de los desalojos que en nombre de la modernidad se perpetraron en los predios señoriales en donde la gente habitaba ancestralmente sin necesidad de título alguno. Esas propiedades feudales, que no eran la panacea, sin duda, se transformaron en modernas explotaciones en donde la rigurosa registración catastral (o cerrazón del mundo), dio amparo jurídico a las inversiones tecnológicas que cambiaron la faz de la tierra, pero que tampoco fueron la panacea para los miles de desalojados que fueron impelidos a salir al mundo a buscar terruño.

Esta observación está en la base de la crítica Marxista y es lo que dio origen a soluciones de tipo anticapitalistas que funcionaron de manera antagónica al llamado régimen occidental en el pasado siglo y que vieron su eclipse político en la derrota de la carrera tecnológica sobreviniente al achatamiento del interés renovador de las Élites intelectuales y al exterminio de la ilusión generalizado en los bloques del Este. Más allá de muchos logros incuestionables y yerros lamentables, de ambos lados, podríamos graficarlo groseramente, con las disculpas del caso, utilizando una usada imagen del jinete sobre el burro que con una caña enseña al animal una zanahoria, diciendo que el burro quedó sin la zanahoria, o porque nunca la pudo alcanzar o porque nunca la pudo imaginar.



Hoy por hoy , parece que las soluciones avanzan por el camino de dejar hacer a las elites en libertad y socializar parte del producido, en donde el Estado asume el rol socializante y la iniciativa privada el rol de la renovación tecnológica que permitiría a millones de personas vivir mejor. O como en el caso chino atraer a los “productores ” con su oferta de escala y ausencia de conflictos. No obstante ello, la inversión estatal en investigación es esencial en todo el orbe y la responsabilidad social empresaria no debe soslayarse, ya que la pérdida de controles de una esfera hacia la otra deviene de la necesidad coyuntural de colaboración entre ambos sectores que no estará libre de posiciones extorsivas.



En América Latina el tamaño del mal exige dejar de lado reduccionismos académicos y buscar desesperadamente una vía humanitaria.



En toda Latinoamérica hace falta inmediatamente un plan urbanizador que redireccione el uso de territorio desde lo productivo hacia lo habitacional, que ofrezca terrenos con todos los servicios necesarios, luz, agua, pavimento, gas, cloacas, arborización, que no ofrezca un producto caro totalmente terminado sino que dé una oportunidad a la capacidad antropológica de construcción y al desarrollo de saberes constructivos entre los que tendrán la responsabilidad de la manutención del inmueble.


Desde Méjico hasta Ushuahia, acuerdo mediante, cada municipio debiera articular un plan urbanizador, ofreciendo terrenos cómodos, que respeten la fronda existente o que propongan una nueva en caso de ausencia, siempre partiendo de especies autóctonas. La preocupación por “el verde” debiera ser lo primero a considerar por que ayuda a crear mejores condiciones reales de vida entre las que se encuentra la necesidad estética del individuo.


Históricamente los planes de vivienda parten de una verdadera tábula rasa, se construyen sobre un terreno arrasado que ha sido la delicia de las topadoras, la mayor parte de las veces innecesariamente, excusa de niveles mediante, el resultado final es que ofrecen casitas sin entorno, sin pavimento, sin verde, sin metros suficientes, sin cloacas, escasamente con agua y gas y cuyos moradores no están capacitados ni para la más mínima reparación o mantenimiento, no saben hacerlo.



La responsabilidad de los Estados municipales de accionar para evitar el costo exorbitante de los terrenos, no puede ser soslayada. Hoy por desgracia muchos municipios ponen trabas a nuevos loteos argumentando falta de provisión de servicios, cuándo debiera ser PRIORiTARIO para cualquier administración. Digo esto, no se puede detener la urbanización en cuanto la población siga creciendo. Por lo tanto nunca se puede detener el gasto en redes proveedoras y recolectoras. Caso contrario el caos.



La oferta privada de lotes no alcanza para las necesidades imperantes de grandes porciones de la población que terminan siendo la mano de obra de distintas organizaciones antisociables, o que permanecen en la eterna angustia de no poder, es hora de actuar.

Hoy existen numerosas tecnologías que facilitan la construcción familiar en gran parte de la obra, y se puede estimular la oferta de los sectores profesionales necesarios (plomeros gasistas carpinteros) a partir de la formación educativa y de la provisión de herramientas. Sería bueno que las grandes empresas NO ACTÚEN a este nivel, ya que una compleja organización ELEVARÍA LOS COSTOS INNECESARIAMENTE, y resultaría inadecuada, desproporcionada, mejor sería que aspiraran a proyectos más complejos (calles, redes, puentes, alumbrado, escuelas, hospitales) mientras que la construcción familiar reincorporaría en la población saberes prácticos tendientes a fortalecer la autonomía y la personalidad.


Por supuesto que debe mediar una normativa muy clara y estricta para evitar dislates, tanto así como un cercano seguimiento y asesoramiento profesional. Se podrían diseñar algunos detalles comunes que hagan en su repetición una especie de “estilo pampeano?, patagónico?, cuyano?, litoraleño?, norteño?”.



Por eso es que coincido con la mirada de la presidenta sobre la problemática habitacional y la coerción de la burbuja inmobiliaria, pero no me gusta dejar hipotecado el futuro de los argentinos a manos de un banco privado que encima va a trabajar con fondos públicos. Creo que esos fondos debieran operar para la provisión de redes y la oferta de lotes obligatoria desde cada municipio, los cuales serán los obligados a devolver el crédito al ANSES, y para la provisión de microcréditos destinada a la construcción regulada por arquitectos estatales y ejecutada en gran parte por las mismas familias.



La excesiva demanda hace imperioso que esto se contagie a los países hermanos, para que no fracasen los intentos a manos de descontrolados procesos migratorios en busca de una esperanza. El marco de los acuerdos regionales es hoy muy promisorio. Manos a la obra.

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